De algún dónde y en algún cuándo

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Tal como escribió Dickens adelanto que “esta historia no la voy a contar como sucedió, si no cómo la recuerdo.”

Él era un estudiante de física, ella también.

Y se encontraron. Trabajaron juntos.

Corrían los años setentas.

Y hablaban de libertad, de justicia, de igualdad, de la vida, de ciencia, música y de arte, del sentido de la felicidad.

Congeniaban. Eran grandes amigos.

Él era bueno, y brillante, un chico socialista setentero de ideas revolucionarias e ideales libres. Un chico tímido y serio que nunca pelearía, menos por ser el primero.

Ella era explosiva, alegre, inteligente, elocuente y hermosa; más de lo normal.

Él se enamoró de ella, de su inteligencia, de su belleza y de su ser.

Él nunca se lo dijo. Ella no sabía si saberlo.

Ella se enamoró de otro. Un otro muy listo, de físico imponente, pero arrogante y de un corazón duro..

La vida los separó y se despidieron como los grandes amigos que eran.

“En algún dónde y en algún cuándo” se prometieron…”nos volveremos a ver”.

Ella se casó con ese otro. Él con alguna otra.

Y no se vieron más.

Ella fue infeliz, se apagó esa alegría. La envolvió la frustración, la desesperación, la obligación.

Hace muchos años que no hablaba de libertad, de ciencia y arte, de la vida y del sentido de ser feliz. Trabajaba de sol a sombra. Hace muchos años que…

Él también fue infeliz. La historia puede ser tan similar en lugares tan distintos.

Y pasaron años, muchos años.

Y de pronto un día, por designio de un destino vindicador, ella leyó un artículo de física. Estaba firmado con el nombre de él. Él ahora era un importante científico, era profesor.

A ella se le paró el corazón.

“¿Sera él?” pensó.

Y ella le escribió.

“No sé si me recuerdes” le escribió.

A él se le paró el corazón.

“No he dejado de pensar en ti en 25 años” pensó.

Y se reencontraron.

Y tomaron un café. Y rieron.

Y quedaron para otro café, y luego otro.

Y volvieron a hablar de aquel cuándo…

… hablaron de la vida, de lo distintos que eran, de aquellos ideales, de música y del arte, del sentido de la vida y de ser felices.

Ser felices juntos.

25 años después ya no en el mismo cuando, pero afortunadamente compartián, por fin, un mismo dónde.

Ella volvió a reir; se liberó de todo aquello que había sido negro y pensó “si sólo me hubiera dado cuenta, en aquél entonces, que junto a él estaba mi verdadero lugar”.

En el 2007 la invitación a su boda leía “En algún dónde y en algún cuando”.

Hacer honor a ese destino justiciero que cumplió una promesa.

Y desde entonces la vida es mejor.

Ella es feliz. Una ella que yo no conocía.

Él la hace feliz.

Él nos hace felices.

Ahora hablamos de música, de arte, de ciencia y de música, de héroes socialistas e ideales libres.

Compartimos pasiones y viajamos, tenemos aventuras en lejanos dóndes.

Reímos todos y discutimos todos sobre el sentido de la felicidad…

Eramos una familia, pero ahora somos grandes gracias a él. Gracias a ti.

Por eso hoy, cuando no podemos compartir un mismo dónde quiero, de la manera que puedo, darte una vez más las gracias. Por haber cumplido tu promesa. Por ser tú y hacernos tan felices.

Y te pido que imagines que junto a esa cama de hospital donde hoy te estás recuperando estoy yo parada ahí, justo a lado de Ho Chi Minh, Trotski, Ganesh y Mendelssohn. Junto a todo eso que me has enseñado.

Te digo hoy que duele el no poder estar ahí. Para apoyarte, para hacerte reir.

Para decirte que te quiero, por todo lo grande que eres, para ella y para mí. Por lo que nos has dado. Eres más padre del que tuve nunca. Eres más confidente y amigo del que puedo pedir.

Por todas esas aventuras desventuradas en tierras lejanas que nos faltan por vivir, recuperate pronto y bien.

Es un honor compartir este pedazo de espacio tiempo a su lado.

Y saber que sea destino o causalidad, las grandes historias de amor si tienen finales felices.

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Ella y él.

Jaisalmer, India. Festival de Holi 2013.

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